Emprender con amigos: ¿sí o no? - Fundación da Vinci
  • 22 agosto, 2016

Elegir un socio nunca es fácil y de eso ya hemos hablado bastante con nuestros incubados en #daVinciLabs. Los emprendimientos surgen de muchas maneras: quizás de una idea de uno de los fundadores, a partir de una iniciativa como #EmprendetónUY, de un trabajo para la facultad o de una oportunidad imperdible que nadie en el equipo quiere dejar pasar.

 

En todas esas ocasiones, los amigos son los primeros a los cuales recurrimos: les contamos esa idea, los acompañamos al evento, los elegimos como nuestras duplas en los trabajos de facultad… Pero, ¿es aconsejable emprender con amigos? ¿Son realmente el socio perfecto? Le preguntamos a tres emprendedores de la comunidad da Vinci para conocer realmente cuál fue su experiencia en este rubro.

 

  1. La ventaja de emprender con alguien que ya conocés

 

“La principal ventaja de emprender con un amigo es que conocés muy bien a la persona con quien estás iniciando el proyecto: sus fortalezas y debilidades, lo que lo pone de mal humor y lo que lo motiva”, nos cuenta Pablo Buela, director de PIMOD. “En todos emprendimiento hay días buenos y de los otros, por lo que tener claro cómo será el funcionamiento “energético” de la sociedad suele ser muy importante”.

 

Por su parte, Stephanie Biscomb de Les Mots también lo ve como un punto a favor. “Siempre digo que los mejores socios son aquellos con los cuales podés putearte nivel telenovela un día y que, luego, esté todo bien”, cuenta. “Y los únicos socios que podrían bancar eso tienen que ser amigos. Tiene que existir una onda entre dos personas muy particular para poder bancarse mutuamente en las buenas y en las malas”.

 

Además, emprender con amigos asegura un ingrediente en la sociedad que nunca viene mal: la diversión. “Desde ya que compartir horas de trabajo con un amigo es divertido”, agrega Pablo. “En definitiva, trabajar también tiene que ser algo donde uno se divierta y pase bien”.

 

Emprender con amigos según Pablo Buela

  1. Los amigos son necesarios, pero no como socios

 

Gustavo Azambuja, director de UNO Wifi, piensa un poco distinto. “Personalmente creo que no es bueno comenzar una startup con amigos o familiares”, dice, aunque asegura que sí son necesarios los amigos para ayudar a mantener una posición neutra ante grandes decisiones. “Cuando uno emprende, tu cabeza y corazón se meten 100% en el proyecto y tu juicio es como el de un enamorado que no ve los defectos de su amada. Tener a los amigos en una posición neutra y velando por TU bienestar -y no por la continuidad de un proyecto-, te puede ayudar a tener una visión más centrada y escéptica del emprendimiento”.

 

Además, parece ser que depende mucho qué tipo de amigo elegimos para emprender. Y esa decisión tiene que ser tomada con sumo cuidado. “Una relación puede funcionar bien en la amistad pero no en el trabajo”, agrega Pablo. “O, mejor dicho, a causa de la sociedad laboral se puede perder la amistad. Ese es el principal riesgo que hay que estar dispuestos a asumir”.

 

Emprender con amigos según Gustavo Azambuja

Stephanie está de acuerdo. “Es lo mismo que irte a vivir con un amigo. Todos tenemos amigos con los que nunca viviríamos. Y todos conocemos historias de amigos que se fueron a vivir juntos y, luego, descubrieron aspectos de sus personalidades que no cuajaban,” dice. “Acá es lo mismo: la clave está en no ignorar estos aspectos cuando surjan y analizar si se puede seguir trabajando con alguien así. Y, si la respuesta es no, no dilatar la separación”.

 

Emprender con amigos según Stephanie Biscomb

  1. Las cuentas claras conservan la amistad

 

“Conozco muchos casos de amigos que terminaron distanciados luego de una mala (o buena) experiencia empresarial conjunta”, cuenta Pablo. “Creo que un punto clave es poder marcar la cancha desde el inicio con las cosas bien claras, separando el mundo de la amistad del laboral, dejando espacios para hablar de trabajo y espacios sociales donde no se hable de la empresa. Esto es complejo pero sé que se puede lograr también”.

 

Gustavo también tiene recomendaciones. “Si el emprendimiento va a salir sí o sí con un amigo, mi recomendación es tener una especie de pacto de accionistas por escrito, y no digo por escrito para que lo lleven a un abogado y lo pongan en una carpetita en el cajón”, dice. “Por ejemplo, si el emprendimiento funciona bien, ¿van a vender la empresa o quieren trabajar en ella por siempre? Si uno del grupo deja su trabajo “normal” para dedicarse al emprendimiento, ¿cómo van a aportar el resto y cómo va a impactar en las acciones de la empresa? ¿Cuál es el plan de contingencia?”

 

Pero no solo se trata de planificar a futuro; según Stephanie, también se debe planificar en caso de una eventual separación. “Separar una sociedad es como un divorcio, con abogados y todo”, además agrega que “las metas son importantes, tener por escrito cosas como: fulanito se compromete a tener los primeros diez clientes en seis meses, caso contrario la participación accionaria se redefinirá para dar espacio a un nuevo vendedor”.

 

Por su parte, Gustavo, establece algo similar. “Personalmente creo que no es bueno comenzar una startup con amigos o familia”, dice. Principalmente porque se incurre en el peligro de que ambos sepan hacer exactamente lo mismo: “generar un emprendimiento entre dos amigos que se conocen de facultad es lo más común, pero también lo más difícil de llevar adelante. Se necesitan diferente perfiles y hay que definir claramente quién va a dedicarse a los comercial y quién a lo técnico”.

 

Stephanie concluye: “obviamente uno tiene que elegir entre sus amigos con quién emprender, pero sí me parece que está bueno que exista una confianza a priori. También es importante que la otra persona te complemente, que no hagan siempre lo mismo los dos y que uno pueda aprender del otro. Si no, en realidad hay dos personas haciendo el trabajo de una y no dos personas trabajando en conjunto para llevar a un proyecto a algún lado. Por otro lado, hay otra cosa que sí NUNCA volveré a hacer en mi vida, y eso es contratar amigos para que trabajen para el proyecto en que estoy. En mi experiencia, eso NUNCA termina bien, especialmente porque al contratar a un amigo, se establece una dinámica de jerarquía en el trabajo que antes en la amistad no existía y eso nunca, nunca, nunca, termina bien.”

 

¿Cómo fue tu experiencia? ¡Contanos en los comentarios!


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